Cómo pronuncias mi nombre

Con el ordenador

No sabes la de veces que he imaginado cómo pronuncias mi nombre, intentando adivinar si lo haces sin matices, si lo exhalas o se te escapa en un suspiro. Tu voz — la voz que imagino— suena en mis oídos cada vez que leo uno de tus cuentos, de tus poemas y en cada una de las conversaciones que mantenemos en el chat.

He de confesarte algo: No es mi nombre ese por el que me conoces. Tal vez, el tuyo tampoco lo sea. Aunque todo lo demás es verdad, reconozco que una sola mentira abre un resquicio por el que se cuela la duda para siempre.
No recuerdo cómo empezó todo, ni cómo hemos llegado hasta este punto en el que nos encontramos ahora. Tampoco creo que eso importe ya. Los dos hemos construido lo que necesitábamos, ¿no es cierto? Tal vez, no seas quien creo, ni sean tuyas las palabras que me ofreces. Quizá escribes las que supones que deseo leer. Después de tanto tiempo, me conoces bien y sabes cómo mantenerme atrapada.

Si fueses mujer, Sherezade sería un buen seudónimo. Y ahora que lo pienso, ¿quién me dice que detrás de tu avatar no se esconde una mujer? Si fuese así, prefiero no saberlo.

Tal vez tú también te hayas hecho este tipo de preguntas alguna vez. O no. En cualquier caso, a mí me falta imaginación para construir un personaje tras el que parapetarme. Te lo he dicho muchas veces: será difícil que alguna vez pueda escribir algo que valga la pena leer. No deberías esforzarte en animarme a seguir intentándolo —ahora te imagino ladeando la cabeza y con cara de fastidio— pero no me riñas, por favor. No es falta de autoestima, es solo que soy realista. 

leer une

Cuando sugeriste que nos conociéramos, estuve a punto de dejarme llevar por la curiosidad. Me ilusionó esa posibilidad de desvelar el misterio… Luego recapacité. Mejor que no lo hagamos. Nunca serás como imaginé. Entiéndeme, es posible que seas incluso mejor. En cualquier caso, serás distinto. No me encontraría contigo, sino con un extraño. Sería volver a empezar y, al mismo tiempo, perderte. Podría echar de menos a alguien que desaparecería para siempre. Algo así como cuando lees un libro que te atrapa y te hace entrar en él. Luego, alguien decide llevarlo a la pantalla. Primero te niegas a ver la película, pero al final vences tu reticencia. Y la película es maravillosa —o no— pero casi nada es como cuando leíste el libro. La ambientación es impecable, los personajes bordan su papel. Solo que no son los tuyos. Sabes que a partir de ese momento no podrás releer ese libro sin que se te cuelen las imágenes que viste en la pantalla. Por mucho que te esfuerces, todo se ha contaminado y ya no encuentras a los tuyos, a los que te acompañaron mientras leías. No sabes cómo odio esa sensación.

 

FrágilTal vez, no entiendas nada de lo que digo. Incluso que sea objetivamente absurdo. Excusas para no hablar de miedo. Sí, tengo miedo. Pánico a que algo tan frágil se rompa. Apuesto a que yo también soy distinta a como me has imaginado.

Si ahora decides desaparecer, no habrá reproches. No quiero excusas. Un silencio será suficiente. El resto puedo tejerlo yo.

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Acerca de toyallabata

No sé si importa demasiado quién soy, pero si acaso diré que soy una persona inquieta y con ganas de comunicar. Me preparé para ser Decoradora de interiores y ejercí como tal durante unos años. Luego la vida se complicó un poco. Tres hijas, aún pequeñas entonces, un marido que viajaba continuamente y un cambio de ciudad complicaron la vuelta al mundo laboral. En algún momento decidí intentar reinventarme y en ello sigo. Estoy aquí por mi necesidad insaciable de comunicarme, de expresarme y de compartir ideas. Y porque adoro escribir, pero no solo de cuentos e historias vive el hombre.

4 Respuestas a “Cómo pronuncias mi nombre

  1. Precioso,,, Me encantaría que alguien me escribiera algo así… “Nunca serás como imaginé…” y por eso no quiero que nos veamos… qué bonito… Te felicito Toya 🙂

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  2. Ana

    Me ha gustado, Toya, esa manera de poner palabras a sentimientos reconocibles de esa forma tan tuya, sin extravagancias, ni palabras grandes, tan solo sinceras, que entran dentro de la cotidianidad y por eso se viven, se sienten, sin más.

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