Aceite

Aceite_aceite

“Qué pacifica sería la vida sin amor, Adso.

Qué segura. Qué tranquila. Y qué insulsa

El nombre de la rosa -Umberto Eco

 

               Hace cinco años que vivo en esta casa. Cuatro desde que murió su mujer. A veces, durante una larga temporada, deja de escribir. Dice que es incapaz de hilvanar dos palabras seguidas. Da vueltas por la casa como un fantasma. Aunque intento animarle, dice que no sirve de nada llenar sus vacíos con palabras que nadie leerá y aunque, cuando deja de hacerlo, el vacío se le vuelve aún mayor, no serviría de nada decírselo.

            Sé bien lo que se siente cuando necesitas escribir y lo dejas. Intento decírselo con otras palabras mientras ronda por la cocina y espera a que salga el café que ha pedido y, mientras me explica que en realidad no lo necesita tanto como creo y que, si le entran las ganas, lo que hace es dejar que hasta la última palabra rebote dentro de la cabeza hasta que pierda fuerza e incluso inercia y que, entonces, sólo queda esperar hasta que se detenga y le conceda una noche de sueño tranquilo.

            Cuando eso ocurre mantengo la distancia que, sin decirlo, me pide. Y rezo porque pase pronto… ¿Qué otra cosa puedo hacer yo? Él no sabe que yo también escribo y que, cuando aparecen sus “días silencio”, desearía aprovechar para retirarme a mi cuarto pronto y ponerme a escribir, pero en días así, con ese tipo de mutismo empapando la casa, en el que hasta a los pensamientos se les niega el diálogo, el silencio se convierte en algo denso y oscuro: Aceite. Cuando el silencio se vuelve aceite lo contamina todo. Y todo el mundo sabe que no se puede escribir sobre aceite.

            Hay también otros días en que el silencio le oprime en el pecho. Esos en los que habla sin parar y me dice que necesita salir a la calle a respirar y que quisiera contarle al primer transeúnte con el que se cruzase que está vivo y que quiere seguir estándolo. O subirse a un vagón atestado del metro sólo por certificar que lo está. Comprobar si alguien detecta su presencia, pero no para que le miren de una manera concreta sino para evidenciar si aún en susceptible de ser visto. Y le digo que yo puedo certificar que sí, pero a él no le vale con eso.

            Cuando pasa de un silencio-aceite al silencio-ahogo, sale a la calle buscando el oxígeno que le falta y para ver si puede cruzar unas pocas palabras con alguien. A veces entra en la cocina y charla conmigo mientras preparo la cena e incluso me cuenta que se mete en un comercio tras otro hasta que en alguno, alguien le dice: ¿Quiere que le ayude? y que a él lo que le gustaría es contestar que sí e invitar al dependiente a que se tome un café con él y contarle cuánto agradecería esa ayuda que le ofreció y conversar un rato, pero que sabe que le tomarían por loco, así que se limita a alargar esos minutos de contacto humano que le han sido concedidos diciendo cosas del tipo: ¿Crees que es mi talla? ¿Lo tienes en otro color?… Y luego paga y trae lo que sea que haya comprado a casa. Sabe bien que esos minutos en la tienda no han sido otra cosa que una transacción en la que ambos han conseguido su objetivo, pero dice que por suerte no tiene problemas económicos. Al llegar a casa ni siquiera lo desempaqueta; lo deja en una habitación sin muebles que hay al fondo, en la que se van acumulando sus paquetes-oxígeno.

            A veces me cuenta esas cosas y, con suerte,  después me dice que le lleve un café al estudio, que va a escribir un rato. Y, cuando se lo llevo, me pide que cierre la puerta al salir. Y entonces volvemos a escribir.

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Acerca de toyallabata

No sé si importa demasiado quién soy, pero si acaso diré que soy una persona inquieta y con ganas de comunicar. Me preparé para ser Decoradora de interiores y ejercí como tal durante unos años. Luego la vida se complicó un poco. Tres hijas, aún pequeñas entonces, un marido que viajaba continuamente y un cambio de ciudad complicaron la vuelta al mundo laboral. En algún momento decidí intentar reinventarme y en ello sigo. Estoy aquí por mi necesidad insaciable de comunicarme, de expresarme y de compartir ideas. Y porque adoro escribir, pero no solo de cuentos e historias vive el hombre.

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