No te rindas

depresión

Anoche hablaba con dos amigas mientras tomamos un vino y charlábamos de lo humano y lo divino. Las dos pasan por un mal momento. O tal vez debería decir las tres. Cada cual a su modo, claro. Tal vez caer muchas veces puede ser una especie de ventaja en estas cosas. O no… No me gustan las palabras grandilocuentes. Ni “nunca” ni “siempre” están entre mis favoritas.

Escribo esto porque se me agolpan las preguntas y necesito razones; respuestas. Y porque sé que no las hay… Así que escribo sobre todo por conjurar viejos fantasmas y demonios, propios o ajenos; por quienes están en un punto de fragilidad perversa; un punto de oscuridad tal, que la luz ya no parece que encuentre rendijas para colarse.

Alguien cercano ha apagado su luz hoy. Definitivamente. No la encontraba ya… Y me siento fatalmente triste y sólo se me ocurre ponerme a escribir esto que no sé si es un despropósito, pero lo hago porque nada envenena más la sangre y el alma que aquello que querríamos decir y callamos. Y escribo por si a alguien le puede ayudar saber que, aunque cuando estás en un túnel oscuro, poco importan las manos ni las buenas voluntades, son necesarias. Imprescindibles. Y que, aún así, o sales o no sales… Por ti; por tus medios. Y que si no lo logras, nadie debe sentirse cómplice de ese “fracaso”, o culpable, que es una palabra cargada de matices que no me gustan.
Las ayudas externas son imprescindibles siempre pero lamentablemente, algunas veces, insuficientes.  Y no se trata de que no lo hayas hecho bien, ni de que no hayas logrado tocar la tecla o el resorte oportuno para evitar el fatal desenlace. No puedes pensar que podrías haber hecho más, que no entendiste la gravedad de la situación, que podrías haberlo hecho mejor; o de otro modo… No,  tú no has fallado. Lo intentaste pero no lo lograste. No es que no hayas dado con el registro adecuado. Simplemente no lo había.

En lo primero que he pensado es en quienes sé que están frágiles… y en estos versos de Benedetti.
Cuidaos. Tenéis un tiempo aquí y gente que os quiere. No os rindáis.

No te rindas – Mario Benedetti

No te rindas, aun estas a tiempo

de alcanzar y comenzar de nuevo,

aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,

liberar el lastre, retomar el vuelo.

 

No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,

perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo.

 

No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se esconda y se calle el viento,

aun hay fuego en tu alma,

aun hay vida en tus sueños,

porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,

porque lo has querido y porque te quiero.

 

Porque existe el vino y el amor, es cierto,

porque no hay heridas que no cure el tiempo,

abrir las puertas quitar los cerrojos,

abandonar las murallas que te protegieron.

 

Vivir la vida y aceptar el reto,

recuperar la risa, ensayar el canto,

bajar la guardia y extender las manos,

desplegar las alas e intentar de nuevo,

celebrar la vida y retomar los cielos,

 

No te rindas por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aun hay fuego en tu alma,

aun hay vida en tus sueños,

porque cada día es un comienzo,

porque esta es la hora y el mejor momento,

porque no estas sola,

porque yo te quiero.

In memoriam M. R. V.
Descansa en paz.

 

Aquello de “conmigo o contra mí”…

bUENOS Y MALOS

No soy la mejor persona del mundo. La peor, tampoco. Seguro que no te importa un pimiento lo que acabo de decir, pero es un hecho… Y un dato nada despreciable según se mire. Cierto grado de “mediocridad”, visto así, tampoco parece tan nefasto, ¿no crees?
Tenemos la (pésima) costumbre de movernos en un mundo de contrastes. De buenos y malos. De blancos y negros. De conmigo o contra mí.

Igual tengo uno de esos días en que me siento cansada, o mayor, o incapaz de enfrentar batallas o enarbolar banderas que percibo ya difusas, lejanas y/o ajenas.

Decidí que ni quiero ni puedo cambiar el mundo. Es una de esas ventajas que otorga cierto grado de madurez, ganada a fuerza de cumplir años y de dejarte la piel en el árido asfalto del día a día. Porque uno empieza por intentar cambiar el mundo y, con el tiempo, se esfuerza porque, al menos, el mundo no le cambie a uno.

A pesar de lo dicho (eso de la madurez), sigo siendo en parte aquella niña de los “por qués” perpetuos, incapaz de comprender demasiadas cosas. Me temo que me moriré con los ojos muy abiertos. De perplejidad.

Había pensado escribir algo del por qué me cuesta identificarme con eso tan actual de #SoyCharlieHebdo, pero hay más. Es fácil dejarse llevar por la indignación de que, a golpe de bala, se callen otras voces. Sí, a mi también me duelen los muertos de París. Cualquier muerte innecesaria e injusta, me duele. Pero me duelen también las de los más de dos mil (¡2.000!), ocurridas en Baga ( Nigeria) a manos de militantes de Boko Haram, en estos mismos días, de las que no he oído nada, y tanto o más injustificadas e innecesarias, si es que alguna puede explicarse. ¿Dónde están los mandatarios portando pancartas de #YoSoyBaga?


CRISTIANOS-QUEMADOS-NIGERIA

Y me duelen también esas personas que hoy se puedan sentir intimidadas o miradas con reticencia porque son de religión islámica y, por ende, sospechosos de terrorismo. O los que son judíos y por lo tanto, partícipes del daño ejercido al pueblo palestino. O… Podría seguir hasta el infinito. Mejor paro.

Muertos
¿De verdad es necesario reducirlo todo a un mundo de blancos y negros, de buenos y malos, de muertos importantes y muertos que no importan a nadie? ¿Dónde dejamos los matices? ¿Dónde la idea de que nadie debería ser engullido por los prejuicios sobre su raza, ideario político, religión o lo que se le antoje a otro? Si se supone que somos seres independientes y no masa informe y que tenemos la capacidad de hablar y de pensar, ¿por qué reducirlo todo a un sí o a un no?

Volviendo al tema de las libertades: ¿La libertad de expresión ( o del tipo que sea) es el “todo vale”? ¿A cualquier precio? ¿”Porque yo lo valgo”? ¿Dónde dejamos entonces todos aquellos valores que defendemos a capa y espada cuando nos agreden a nosotros? ¿Dónde están los límites de la burla y de la mofa? ¿Cuando “lo gracioso” no tiene ni puta gracia? ¿Cuando somos nosotros los afectados? ¿Cuando la victima es relevante o pertenece al primer mundo? ¿Y los otros? ¿Que hacemos con ellos?

Charlie

(Aquí podría haber puesto algunas imágenes de portadas de la famosa revista satírica, pero la mayoría no me hacen ninguna gracia, la verdad)

A los yihadistas les podemos decir que es que tienen que respetar nuestros sentido del humor, no darse por ofendidos y todas esas monsergas, sí… Pero lo que no tiene gracia, no la tiene. Y ¡ojo! no estoy defendiendo en absoluto a quién sea el artífice de las muertes de Paris. De ninguna de las maneras… Pero tampoco quiero elevar a las víctimas a los altares de la libertad de expresión. No. Rotundo. Conmigo que no cuenten.
¿Donde termina tu libertad y empieza la mía o viceversa? ¿ Quién dice que tengo derecho a hacer mofa despiadada de lo que a ti te ofende?
Se me partió el alma viendo el “sembrado de cadáveres” en Nigeria… No había escuchado nada sobre ellos. Muertos que a nadie le importan. La triste realidad.

En serio… No lo entiendo y me temo que no lo voy a entender por mucho que me lo expliquen… He sentido vergüenza ajena viendo a esos mismos políticos que coartan las libertades en los territorios que gobiernan, encabezando manifestaciones en pro de la libertad de expresión por las calles de París. He sentido vergüenza ajena de esos “hombres de Dios” que criminalizan desde sus púlpitos a quienes abortan o tienen una “desviación sexual” y que más tarde son acusados de forzar a menores. Vergüenza ajena de aquellos bancos rescatados con el dinero de todos, a los que no les tiembla el pulso a la hora de desahuciar a aquellos que impagan su hipoteca. (Me gustaría saber si hay algún estudio que relacione los que perdieron sus ahorros con las famosas “Preferentes” y posteriormente han perdido sus casas). Vergüenza por aquellos que defiendes a capa y espada sus derechos, pero no tienen ningún pudor en pisotear los ajenos. Y me da igual de lo que hablemos: política, religión, derechos humanos, animales o del majarash de Kapurthala.

La verdad es que estoy “hasta los mismísimos” de la hipocresía, de la venta de humo en las dosis adecuadas y en el momento oportuno, de falsedades, de profetas y de “harekrishnas”.
Por supuesto, tampoco soy perfecta (¡Dios me libre!), ni intento salvar el mundo, ni quiero que nada de lo que digo se responda con un : “Amén”. Me gusta debatir, que me reten con argumentos contrapuestos a los míos, que lleven al límite mis razonamientos… No tengo miedo a cambiarlos si me convencen otros. Nunca me sentí en posesión de la verdad, pero expongo “mi verdad” (muchas veces, transitoria). Pero tampoco me gusta que me pisen los juanetes, ni que se mofen descaradamente de lo que para mi es importante. Rara que es una, oiga…

Intento que esta parcelita del mundo en la que me ha tocado vivir sea un poco menos extremada, más compasiva, más amable… Aunque no siempre ande sobrada, intento regalar alguna que otra sonrisa (pero no a costa de nadie), acompañar a respirar lento y profundo a quien le falten el aire y los argumentos, (muchas veces encontré, haciendo eso, los míos). Una cierta dosis de lógica en este mundo de locos, sienta bien.

¡Hale! Pues ahora me voy a pintar mandalas e intentar re equilibrar los chackras, que se me han alterado escribiendo estas líneas. Namasté.

 

mandalas

 

chakras-low

Elogio de la ternura

Elogio de la ternura

(Advertencia: Si tienes alto el nivel de azúcar, tal vez no debas seguir leyendo esta entrada)

Imagen 2
Cada vez creo menos en la casualidad. Hacía tiempo que no escribía aquí, pero llevo dos días dándole vueltas a la “necesidad” (personal) de hablar de la ternura. El título lo tuve claro desde el primer momento: “Elogio de la ternura”. Me pregunté cuanto no habría ya escrito sobre este tema y si era pertinente añadir algo más. Tecleo en Google y descubro una entrevista a Jaime Rodríguez-Sacristán,  psiquiatra y ensayista, fechado hoy mismo, 18 de septiembre de 2014, habla de ello. No, como ya he dicho, no creo en la casualidad, así que sigo.

descarga
Una conversación que mantuve hace solo un par de días fue el detonante. Una mujer me hablaba de una experiencia personal e hizo referencia a la ternura como definitoria. Una emoción que había percibido como calmante, sanadora.
En medio del caos personal y emocional, tan vigente en este momento para muchos, había tenido la gran suerte de que le regalasen una dosis de eso tan emotivo y sublime. No, no era enamoramiento, no era pasión, no era sexo… Tal vez también pudiera haber algo de todo eso solapado pero, ante todo y sobre todo lo que sobresalió por encima de cualquier otra emoción percibida fue la ternura.

82394_3455758_inlove_H191831_L
Habrá a quién le parezca  una emoción “cursi”, trasnochada y prácticamente reservada para niños, mujeres y ancianos.  No voy a discutir sobre eso. Cada uno siente como quiere o como puede. En cualquier caso, para mí, es una de las más sublimes que es capaz de sentir el ser humano.
Hay ternura en alguien que escucha a un amigo necesitado de hablar, la hay en una caricia desprovista de deseo hacia tu pareja; hay ternura cuando sientes el sueño plácido de tu hijo, dormido en tu regazo, en esa mirada a la que las palabras no pueden añadirle nada más; la hay cuando tu gato o en tu perro te reclaman una caricia, en la mano que sujetas a una persona enferma, en las arrugas del rostro de tus mayores. Existe ternura en esa emoción indescriptible que te invade cuando te sabes el asidero de un amigo que se ahoga en la oscuridad densa de sus propias sombras.
No está para nada reservado a las mujeres y a los niños. A los hombres les suele costar más admitir que sienten ese tipo de emoción y muchas veces la esconden, como si se tratase de una debilidad. A mi me parece una fortaleza del hombre que se atreve a mostrarla sin reparos.
¿Cursi? Quién sabe… Es posible. Mi forma de sentir no tiene por qué corresponderse con la de otros. No digo que sea mejor ni peor, pero en cualquier caso, hoy, aquí y ahora, reivindico la ternura como una de las emociones que, posiblemente, tiene mayor capacidad para “humanizarnos”.

“Todo lo puedo en aquel que me conforta” Epístola a los Filipenses 4 – 13

HOMBRE-TERNURA10509770_10152480617578116_3227244120573932113_n-960x641

¿Quién gana qué?

¿Quién gana qué?

Todos hemos escuchado en alguna ocasión eso de los “daños colaterales”,  “el daño necesario” etc. Me parece un argumento endeble y cobarde. No por el argumento en sí, que también, sino por la gratuidad con la que se esgrime.

Gobiernos que, en aras de conseguir un supuesto “estado de bienestar” y en cuyo proceso venden como necesario y para beneficio general el sacrificio —ajeno, claro— , pero con resultados que, en la mayoría de las ocasiones, resultan ser para beneficio de unos pocos  y sin la decencia siquiera de contabilizar a las víctimas caídas durante dicho proceso.

Guerras en las que mueren mujeres, niños, jóvenes y ancianos, que ni quisieron ni eligieron que se produjesen y que en realidad no son ni más ni menos que absurdas lidias de poder, luchas vergonzosas con trasfondos económicos o territoriales entre gobiernos, pero en las que “los muertos” casi nunca son quienes las promovieron o las iniciaron.

Empresas y empresarios que sobrecargan a sus empleados por encima de lo racional, que les contratan en condiciones que nadie aceptaría salvo por la patética necesidad de subsistir de esos a los que, tan demagógicamente, se les llama las “clases populares” o que despiden a otros, no ya en aras de una disminución de las pérdidas, lo cuál sería lícito, sino de un mayor beneficio económico, en muchos casos más que innecesario y hasta obsceno.

Matrimonios que acaban y cuyos hijos han de bregar con situaciones, que ni quisieron ni buscaron y en las que sus padres, esos seres adultos incapaces de resolver sus conflictos, les exigen que acepten “con madurez” cualquier situación derivada de la ruptura, por incómoda que esta les resulte.

Se ha magnificado de tal modo el triunfo que parece que cualquier concesión para el interés general es una derrota. Yo no lo creo así. A veces, para que todos ganen, o que al menos nadie pierda del todo, hay que ceder un poco. Todos.

Lo justo y lo injusto son conceptos subjetivos, es verdad, pero tampoco es tan difícil de entender que muchas veces no se puede ganar. O no todo el tiempo.  Y, por supuesto, no a cualquier precio.

Los que ya me hayan leído en otras ocasiones saben que hay una palabra, o más bien un concepto, que me encanta: “UBUNTU”, que proviene de las lenguas zulú y xhosa, y que viene a significar algo así como: “Soy porque nosotros somos”  O dicho de otro modo: ¿Cómo uno de nosotros podría ser feliz si todos los demás estuvieran tristes?

Hemos creado un mundo competitivo. Absurdamente competitivo, me atrevería a decir… Tal vez sean muchas las cosas que debamos cambiar. Los egos tienen poca cabida cuando somos tantos y todo lo que hacemos repercute, de uno u otro modo, en lo que les ocurre a los demás.

El triunfo está sobrevalorado… O equivocado, más bien. O puede que sea yo quien se equivoque, que también es muy posible. Pero no quiero vivir en un mundo que busca solo, o como premisa, el disfrute o el beneficio personal, sin importar el precio, y que “los demás” se busquen la vida como puedan.

¿De verdad somos nosotros, los humanos, los “seres racionales” de este planeta?

No hay gloria alguna en llegar a la cima… de una pila de cadáveres.

 

 

¿Dónde estás buscando?

luz-interior

Estaba divagando  -cada uno tiene sus vicios-  sobre cosas que leo aquí y allá, en los muros de Facebook de mis amigos, en todo esto de la paz interior y las emociones… Entonces me he acordado de este cuento.

Espero que os ayude a encontrar lo que andéis buscando…

Se dice que una noche Nasrudìn se encontraba mirando hacia el suelo, dando vueltas alrededor de una farola. Un vecino que pasaba por la zona le preguntó:

– ¿Has perdido alguna cosa, Nasrudìn?

– Sí, estoy buscando mi llave -contestó.

Seguidamente el vecino se puso a buscarla con él. Después de un rato apareció una vecina, que, intrigada, les preguntó qué estaban haciendo.

– Estamos buscando la llave de Nasrudìn.

Y ella también se animó a ayudarles a encontrarla. Más tarde, otro vecino se unió a ellos y juntos buscaron y buscaron la llave de Nasrudìn.

Cansado y con ganas de irse a dormir, uno de los vecinos finalmente le preguntó:

– Nasrudìn, llevamos buscando tu llave durante varias horas… ¿Estás seguro de haberla perdido en este lugar?

Y enseguida éste negó con la cabeza.

– Entonces, ¿dónde crees que la has perdido?

Sin dudarlo, Nasrudìn respondió:

– La he perdido dentro de mi casa.

Sorprendido, otro vecino intervino en la conversación:

– Pero, ¿por qué la estamos buscando aquí?

Nasrudìn les miró muy seriamente y dijo:

– Pues porque mi casa está muy oscura y aquí hay más luz.

luz-interior (1)

Ríe… o llora

llorando 2

Las lágrimas están mal vistas. No se de dónde salió la idea de “criminalizar” los procesos dolorosos. Es algo natural. Una forma de expresar y sacar fuera un dolor que, nos guste o no, existe dentro.
Odio que se le robe a un ser humano cualquier emoción. Es una forma absurda de deshumanizarlo. Tenemos todo el derecho de sentir amor, deseo, tristeza, alegría, euforia, dolor, pasión… y de expresarlo ¿Por qué hemos de catalogar las emociones como buenas y malas?

riendo
Nos gusta compartir la risa, sin embargo reprimimos casi siempre el llanto. Incomoda a otros, así que nos avergonzamos y, finalmente, lo ocultamos… ¿Alguna vez has intentado aguantar una risa que buscaba desesperadamente una salida? Pues el llanto, el dolor también necesita su válvula de escape.
Una carcajada necesita libertad para salir y estallar. La carcajada tiene poco que ver con una sonrisa tibia y comedida. Hemos ocultado o incluso modificado lo natural hasta convertirlo en algo extraño, en una mueca.

En algunas culturas está mal vista la carcajada o enseñar los dientes al reír y se tapan la boca con la mano. Nosotros hemos convertido el llanto en algo que debe ocultarse, en casi ofensivo… Un poquito, en las grandes desgracias y en los funerales, es admitido, pero, en general, que no vaya más allá de unas pocas lágrimas comedidas y correctas o te expones al:  ¡venga, no llores más!
Yo hoy reivindico el derecho a la expresión —explosiva incluso— de cualquier emoción.
llora

La gente se queda a tu lado cuando ríes. ¿Es acaso el llanto una falta de respeto a los demás? No lo creo. Así que, al igual que cuando alguien estalla en una carcajada, compartimos complacidos el momento, abandonarle cuando necesita llorar me parece una crueldad innecesaria que añadir al dolor que ya siente.

Si quieres reír, sabes que me quedaré contigo. Será divertido compartir la risa. Pero si quieres llorar, llora… No me iré a ningún lado. Necesitarás, aún más, que alguien se quede contigo

 

Una copa de cristal

images (1)

Recupero un texto  al que una amiga, Sterxu Villanueva, ha tenido la delicadeza de añadirle su magnífica voz y hacerlo crecer. En agradecimiento a su generosidad, he montado un vídeo para acompañarlo. Es la segunda vez que lo hago, así que espero que disculpéis mi torpeza en estas lides.

Dejo aquí el texto:

Paseas casi de puntillas por el borde de la copa, sin atreverte a descargar tu peso, casi levitando, con los pies enfundados en unas zapatillas de baile color rosa. Como cada día desde hace mucho, volvemos a desdoblarnos. Tú manteniéndote sobre el débil equilibrio de los sueños, mientras yo permanezco en la seguridad de la sensatez.

Te observo desde abajo, mientras ejecutas con vehemencia cada uno de tus pasos, aunque sin descuidarte. Eres consciente de la fragilidad que te soporta. Solo un ligero traspiés podría ser fatal, así que no queda otro remedio que poner toda tu atención y no dejarte llevar por la impaciencia. Avanza despacio -te dices- no te precipites, respira con calma.

En algún momento tu concentración se dispersa. Dejas de pensar en el siguiente paso y sientes la presión que ejerce el canto bajo tus pies; percibes el reborde que se va clavando y te sientes vulnerable. Todo puede acabar irremediablemente en cualquier momento, así que te detienes un instante. Respiras hondo. Cierras los ojos y vacías la mente una vez más. Puedo hacerlo -repites.

Te observo. Venga, inspira de nuevo, pienso en silencio. No pienses en nada. Exhala despacio. Lo conseguiré, me dices. Y dibujas una sonrisa que resulta incapaz de enmascarar tu miedo. Quieres convencerme con tus palabras, pero es a ti misma a quien tienes que convencer de que vale la pena seguir ahí arriba.

Tras ese gesto de valentía, has estado a punto de romper a llorar, pero verme a tu lado, confiando en ti, te devuelve la seguridad. En el fondo creo que no te atreves a defraudarme. No lo has entendido. Es a ti a quien no debes defraudar.

Estás empezando a ser consciente de que tu aparente fortaleza es solo fachada. Que tras esa imagen que intentas trasmitir a otros, palpitas sobre un filo de cristal. Hoy, que te sabes vulnerable, tienes miedo. Miedo a que todo termine en algún momento, cayendo sobre mil pedazos de cristal, imposibles de recomponer.

Das un paso más, deslizando el pie muy despacio sobre el borde de la copa. El movimiento la hace vibrar y el sonido que produce, rompe el silencio. Cierras los ojos de nuevo, asustada. Inspiro,…expiro, repites en voz alta. Concentrándote en la respiración alejas del pensamiento la fragilidad sobre la que te sostienes y esa presión que hace un momento tanto te dolía.

Al final del día, sabes que será mejor dormir un poco, así que resbalas hasta el fondo de la copa y te enroscas allí dentro, donde cada noche vuelves a coser tus sueños a la suela de las zapatillas. Cada uno de tus músculos se va destensando. Necesitas descansar, porque mañana querrás volver a ponerte sobre el borde de la copa, con los pies enfundados en esas finísimas zapatillas. Finalmente, rendida, te duermes.

Sabes que si pierdes la concentración un solo día, caerás derrotada sobre los cristales; que tus zapatillas se teñirán de rojo. Esa certeza hace que al despertar, te subas una vez más con extremo cuidado, apoyando, primero las manos y a continuación los pies, para enderezarte luego, lentamente, hasta sentir que tienes todo bajo control.

Ya en pie tanteas, te aseguras y comienzas de nuevo. Inspiración… expiración. Deslizas el pie enfundado en tus zapatillas de color rosa sobre el borde. Continúa sin miedo, repites. Me buscas con la mirada exhibiendo los nuevos sueños que cosiste anoche. Sabes que estoy aquí, pero creo que durante un instante no logras verme. Me doy cuenta de que me buscas y rápidamente intento acercarme para darte la mano. Estoy a solo unos pasos.

Las lágrimas descienden por tus mejillas. Algo ha fallado hoy, ¿no es verdad? Intento llamar tu atención, para hacerte saber que sigo aquí. Resbalan hasta tus pies y en ese instante pienso que no llegaré a tiempo. Entonces te veo saltar sin miedo y al reunirte conmigo, me regalas una enorme sonrisa.

No me vendas soluciones, dame la mano

08092501

Sé que tengo que seguir evolucionando durante el resto de mi vida, pero hay una premisa que es imprescindible admitir para poder crecer como ser humano: Aceptar que la duda forma parte del lote. Entender que en muchas ocasiones tendré que cuestionarme incluso mis más pequeñas certezas.

Desde hace algún tiempo está de moda eso de la visualización positiva, los libros de autoayuda, y han surgido todo tipo de vendedores (con todos los respetos) con más o menos fortuna de eso a lo que llamaremos felicidad. Estamos muy perdidos… ¡Vaya que sí!

2010101571autoayuda_int

Empecemos por el principio, por la madre del cordero: ¿Qué es felicidad? ¿Puede alcanzarse? ¡Venga, no nos engañemos! Para empezar, me cuestiono si tal cosa existe. Es un término demasiado abstracto. ¿No crees?

En todo caso preferiría hablar de equilibrio emocional  —más o menos estable y con cierta continuidad temporal, a ser posible— como el concepto más cercano a eso que hemos dado en llamar felicidad. Algo a lo que, en el fondo, todos aspiramos aún admitiendo de antemano que tal cosa no existe. Momentos felices o amables, sí, por supuesto ¿Felicidad en términos absolutos? Pues me temo que no, amigo. A no ser que tengas un conformismo a prueba de catástrofes nucleares o un cociente intelectual tipo ameba.

No hay libro, ni pastilla, ni corriente intelectual, ni filósofo sesudísimo, ni gurú, ni religión que pueda vender lo que no existe. Salvo que, repito, tengas un cerebro mononeuronal o estés estupendamente programado (modo ironía: ON) y por tanto incapacitado hasta para concebir dudas.

Venga no te me vengas abajo, eso no son malas noticias. Esa capacidad que tenemos para sentirnos insatisfechos, tristes, nerviosos, irritables o para cuestionarlo todo, desde lo aprendido hasta incluso nuestras propias certezas (¿?), nos permite evolucionar.

El que diga que está en posesión de alguna fórmula mágica, miente cual bellaco. Vale, tampoco quiero parecer dogmática, solo es mi opinión y como tal la expongo. Luego os podéis tirar a degüello. Lo único que pretendo hoy es generar dudas. Sacudir conciencias y certezas.

Si digo que miente es porque nadie, absolutamente nadie (perdón por el término “absolutamente”) debería elevar a la categoría de incuestionable nada. Y no es necesario que llegue alguien externo a enmendarte la plana. Puede que incluso lo hagas solito: tu verdad de hoy puede ser tu duda o tu desengaño de mañana.

Si alguien viene a decirnos que todo depende de nosotros y de nuestra actitud frente a los conflictos, que el ser feliz y el equilibrio emocional es una elección y todas esas zarandajas, podemos llegar a la conclusión de que la solución está en nuestras manos. Pero entonces creeremos también que si somos incapaces de resolver nuestros conflictos y de alcanzar ese estado de gracia es porque somos unos absolutos inútiles y entonces vamos a frustrarnos. Eso lejos de ayudarnos, duele y bloquea. Vamos a ver… No todo está en nuestras manos. Una parte sí, pero no estamos solos: Interactuamos.

Somos seres sociales y por tanto estamos “condenados” a relacionarnos con otros. Hay agentes externos que nos van a desequilibrar. Pero es que aún en el caso de que te conviertas en eremita y te metas en una cueva, no vas a encontrar “la felicidad”. Simplemente porque tal cosa no existe.

Lo que puede que nos ayude es el aceptar que somos seres incompletos, insatisfechos permanentes, que sufrimos desequilibrios emocionales porque somos saquitos de hormonas con patas y que eso no nos hace ni más pequeños ni más incapaces. En todo caso, aceptar eso, nos hace más capaces de entender que no hay fórmulas milagro, porque da igual los años que tengas o la experiencia que hayas adquirido por el camino: como seres emocionales siempre estaremos al borde o muy cerquita del abismo. Y tenemos que convivir con eso, y admitirlo es utilizarlo en nuestro favor.

Ninguno de nosotros necesita en momentos de crisis una teoría, sino serenidad y un abrazo. Las conclusiones ya vendrán después y es posible que para cada uno de los implicados sean distintas.

En el fondo somos muy simples (lo de saquitos de hormonas con patas ¿recuerdas?) y cada uno debe encontrar sus conclusiones y aprender a utilizar las herramientas que le son válidas, o inventarlas incluso, si ninguna de las que tiene a mano le vale. Por mucho que nos empeñemos y por muy buena voluntad que pongamos, las prestadas solo nos llevan a arreglos chapuzas. Aprendamos a relajarnos, a hablar desde la serenidad siempre que sea posible ¿Qué no es fácil? Por supuesto que no, pero para eso tenemos la capacidad de aprender. Y además los parches emocionales se despegan con una facilidad pasmosa.

Acéptalo: Vas a pasarte el resto de tu vida aprendiendo a vivir y equivocándote, pero no lo veas como algo traumático. Hacer lo que ya se domina acaba por ser monótono, y nadie quiere una vida aburrida, así que asumamos que el vértigo que representa vivir hace que valga la pena y que nunca terminaremos de dominar la técnica.

No temamos equivocarnos. Tengamos miedo a ser incapaces de admitir que nos hemos equivocado. Porque sin ese reconocimiento, no hay evolución posible.

tomados de la mano

Asomarse al alma

nudo emocional

En un espacio virtual también hay emociones. Es vida en estado puro. Y no, no es nada fácil separar el grano de la paja, pero a poco que mires puedes ver las heridas ulceradas junto a las alegrías desbordantes de quienes anuncian que, esta vez sí, han encontrado a la persona perfecta y no dejan de voltear las campanas. También hay silencios elocuentes e inseguridades mal disimuladas. Los hay que solo van de paso, los que nunca se desnudan y otros que exhiben su intimidad sin ningún pudor. Hay cotillas incómodos junto a gente que, de manera generosa, se interesa de verdad y pregunta si puede ayudar de algún modo.

He visto los gritos de socorro de personas que arrastraba su incapacidad para salir del pozo en el que estaban y también falsos profetas que subidos al estrado anunciaban poseer la fórmula del elixir de la felicidad.

La vida es compleja y las emociones más. No me creo a nadie que diga que tiene la respuesta o la receta para encontrarla, pero sí confío en quienes intentan ayudar a deshacer nudos ajenos.

Todos aspiramos a encontrar eso que llaman equilibrio emocional. Tal vez la raíz del problema es que inventamos argumentos excesivamente flácidos para sostenernos. Salimos al mundo apoyados en absurdas muletas sobre las que soportamos incapacidades no resueltas. Besamos soledades sobre bocas inadecuadas, para evitar desfallecer en abismos de dudas. Soportamos mutismos que resultan incapaces de evitar que acabemos pereciendo ahogados en océanos oscuros. Robamos a extranjeros caricias con las que, absurdamente, pretendemos rellenar agujeros negros. 

 

http2.bp.blogspot.com-PLM0DatBKxoUU7smS_mf3IAAAAAAAAF1ATyyV8GeEsYEs1600gefirofobia++3.JPG puente

Atravesamos un estrecho puente cargando a las espaldas sacas de correo rebosantes de silencios y de palabras incomprensibles o nunca entregadas. Desviamos miradas incapaces de sostener verdades dolorosas. Vivimos vidas distintas a la que inventamos. Nos dolemos de heridas que tal vez nadie produjo. Desgarramos vestiduras que nunca nos pusimos y reclamamos lo que nunca tuvimos. Así es el mundo de las emociones.

Luego, cuando nos quedamos sin argumentos por los que luchar, abrimos las manos de manera indolente, dejando que se aleje lo que nunca fue nuestro… y nos quedamos atónitos, con un gesto absurdo dibujado en la cara, esperando que amanezca y algo tenga sentido.

Dolor con amor y dudas para desayunar; rabia, gestos airados, despecho, esperanza y besos a la hora de la cena; velados reproches, caricias robadas y sonrisas fingidas para acunar las penas. Bailes absurdos para esquivar dolorosos arrepentimientos. Verdades hirientes lanzadas con furia cuya breve sensación de desahogo no justifica la herida provocada.

Nos muerde los talones la sorda duda sobre si somos lo que creen que somos o quienes creímos ser, mientras danzamos ebrios, tragando pócimas que nos aturden los sentidos con excesiva lentitud.

Nunca me atrevería a vender soluciones, sólo sé que nos necesitamos unos a otros. Que si no es ahora, tal vez lo fue antes o lo será después y que cualquier espacio es válido para eso. Y, que aunque no haya soluciones, lo que sí podemos es confrontar las almas. Hablar, romper silencios antes de permitir que se nos queden agarrados en el pecho con las fauces abiertas, despedazándonos entre sus dientes afilados. Está bien saber que aunque no haya panaceas para el equilibrio emocional podemos, entre todos, ir deshaciendo nudos.

 

nudo

febrero 2017
L M X J V S D
« Dic    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728  
Singularette

No solo soltera, sino singular

unmaldiaparaelpezplatano

Cuentos, microcuentos y cosas todavía más pequeñas

Como Ser Vegano

...sin morir en el intento

felipegomezrivas.wordpress.com/

¿buenas o malas? que más da, son las nuestras.

joseluisafan

Una ensalada de poemas, relatos, cuentos y escritos varios. Descubrí que podía escribir y desde entonces le escribo... quizás un día lo lea ...

Proyecto "Madres"

Desde "La Habitación de Lucía" queremos dar voz a todas las madres de hijos con diversidad funcional.

Te Conozco Bacalao

Un lugar para la diversión

buensalvaje

Desvíos para lectores de a pie

Cardiopatía poética

Cada palabra un latido, el silencio entre latidos otra palabra. Un blog de Miguel Lorente Acosta

Cambiemos el Mundo, cambiemos la Educación

Porque cada vez somos más los que queremos cambios y un mundo mucho mejor

Enric Ochoa-Prieto

Pensadlo, y luego olvidadlo.

TORMENTAS DE TINTA

Un blog para soñar, un blog para pensar, un blog para vivir...

Los ángeles también bailan

«Me has conocido en el peor momento de mi vida»

quieroqueloleas

Tus letras entre las mías

Dos cafés...

Eres tú para ser otros y eres otros para ser tú

El blog de Víctor Candel

Un blog de Recursos Humanos sobre Reclutamiento 2.0, Selección de Personal y empleabilidad

A %d blogueros les gusta esto: