Aquello de “conmigo o contra mí”…

bUENOS Y MALOS

No soy la mejor persona del mundo. La peor, tampoco. Seguro que no te importa un pimiento lo que acabo de decir, pero es un hecho… Y un dato nada despreciable según se mire. Cierto grado de “mediocridad”, visto así, tampoco parece tan nefasto, ¿no crees?
Tenemos la (pésima) costumbre de movernos en un mundo de contrastes. De buenos y malos. De blancos y negros. De conmigo o contra mí.

Igual tengo uno de esos días en que me siento cansada, o mayor, o incapaz de enfrentar batallas o enarbolar banderas que percibo ya difusas, lejanas y/o ajenas.

Decidí que ni quiero ni puedo cambiar el mundo. Es una de esas ventajas que otorga cierto grado de madurez, ganada a fuerza de cumplir años y de dejarte la piel en el árido asfalto del día a día. Porque uno empieza por intentar cambiar el mundo y, con el tiempo, se esfuerza porque, al menos, el mundo no le cambie a uno.

A pesar de lo dicho (eso de la madurez), sigo siendo en parte aquella niña de los “por qués” perpetuos, incapaz de comprender demasiadas cosas. Me temo que me moriré con los ojos muy abiertos. De perplejidad.

Había pensado escribir algo del por qué me cuesta identificarme con eso tan actual de #SoyCharlieHebdo, pero hay más. Es fácil dejarse llevar por la indignación de que, a golpe de bala, se callen otras voces. Sí, a mi también me duelen los muertos de París. Cualquier muerte innecesaria e injusta, me duele. Pero me duelen también las de los más de dos mil (¡2.000!), ocurridas en Baga ( Nigeria) a manos de militantes de Boko Haram, en estos mismos días, de las que no he oído nada, y tanto o más injustificadas e innecesarias, si es que alguna puede explicarse. ¿Dónde están los mandatarios portando pancartas de #YoSoyBaga?


CRISTIANOS-QUEMADOS-NIGERIA

Y me duelen también esas personas que hoy se puedan sentir intimidadas o miradas con reticencia porque son de religión islámica y, por ende, sospechosos de terrorismo. O los que son judíos y por lo tanto, partícipes del daño ejercido al pueblo palestino. O… Podría seguir hasta el infinito. Mejor paro.

Muertos
¿De verdad es necesario reducirlo todo a un mundo de blancos y negros, de buenos y malos, de muertos importantes y muertos que no importan a nadie? ¿Dónde dejamos los matices? ¿Dónde la idea de que nadie debería ser engullido por los prejuicios sobre su raza, ideario político, religión o lo que se le antoje a otro? Si se supone que somos seres independientes y no masa informe y que tenemos la capacidad de hablar y de pensar, ¿por qué reducirlo todo a un sí o a un no?

Volviendo al tema de las libertades: ¿La libertad de expresión ( o del tipo que sea) es el “todo vale”? ¿A cualquier precio? ¿”Porque yo lo valgo”? ¿Dónde dejamos entonces todos aquellos valores que defendemos a capa y espada cuando nos agreden a nosotros? ¿Dónde están los límites de la burla y de la mofa? ¿Cuando “lo gracioso” no tiene ni puta gracia? ¿Cuando somos nosotros los afectados? ¿Cuando la victima es relevante o pertenece al primer mundo? ¿Y los otros? ¿Que hacemos con ellos?

Charlie

(Aquí podría haber puesto algunas imágenes de portadas de la famosa revista satírica, pero la mayoría no me hacen ninguna gracia, la verdad)

A los yihadistas les podemos decir que es que tienen que respetar nuestros sentido del humor, no darse por ofendidos y todas esas monsergas, sí… Pero lo que no tiene gracia, no la tiene. Y ¡ojo! no estoy defendiendo en absoluto a quién sea el artífice de las muertes de Paris. De ninguna de las maneras… Pero tampoco quiero elevar a las víctimas a los altares de la libertad de expresión. No. Rotundo. Conmigo que no cuenten.
¿Donde termina tu libertad y empieza la mía o viceversa? ¿ Quién dice que tengo derecho a hacer mofa despiadada de lo que a ti te ofende?
Se me partió el alma viendo el “sembrado de cadáveres” en Nigeria… No había escuchado nada sobre ellos. Muertos que a nadie le importan. La triste realidad.

En serio… No lo entiendo y me temo que no lo voy a entender por mucho que me lo expliquen… He sentido vergüenza ajena viendo a esos mismos políticos que coartan las libertades en los territorios que gobiernan, encabezando manifestaciones en pro de la libertad de expresión por las calles de París. He sentido vergüenza ajena de esos “hombres de Dios” que criminalizan desde sus púlpitos a quienes abortan o tienen una “desviación sexual” y que más tarde son acusados de forzar a menores. Vergüenza ajena de aquellos bancos rescatados con el dinero de todos, a los que no les tiembla el pulso a la hora de desahuciar a aquellos que impagan su hipoteca. (Me gustaría saber si hay algún estudio que relacione los que perdieron sus ahorros con las famosas “Preferentes” y posteriormente han perdido sus casas). Vergüenza por aquellos que defiendes a capa y espada sus derechos, pero no tienen ningún pudor en pisotear los ajenos. Y me da igual de lo que hablemos: política, religión, derechos humanos, animales o del majarash de Kapurthala.

La verdad es que estoy “hasta los mismísimos” de la hipocresía, de la venta de humo en las dosis adecuadas y en el momento oportuno, de falsedades, de profetas y de “harekrishnas”.
Por supuesto, tampoco soy perfecta (¡Dios me libre!), ni intento salvar el mundo, ni quiero que nada de lo que digo se responda con un : “Amén”. Me gusta debatir, que me reten con argumentos contrapuestos a los míos, que lleven al límite mis razonamientos… No tengo miedo a cambiarlos si me convencen otros. Nunca me sentí en posesión de la verdad, pero expongo “mi verdad” (muchas veces, transitoria). Pero tampoco me gusta que me pisen los juanetes, ni que se mofen descaradamente de lo que para mi es importante. Rara que es una, oiga…

Intento que esta parcelita del mundo en la que me ha tocado vivir sea un poco menos extremada, más compasiva, más amable… Aunque no siempre ande sobrada, intento regalar alguna que otra sonrisa (pero no a costa de nadie), acompañar a respirar lento y profundo a quien le falten el aire y los argumentos, (muchas veces encontré, haciendo eso, los míos). Una cierta dosis de lógica en este mundo de locos, sienta bien.

¡Hale! Pues ahora me voy a pintar mandalas e intentar re equilibrar los chackras, que se me han alterado escribiendo estas líneas. Namasté.

 

mandalas

 

chakras-low

Eres importante

Tú y yo somos extremadamente importantes. Se necesita gente pequeña, haciendo cosas pequeñas.

En realidad, es lo que mas se necesita: mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas…

piramides

Tenemos la creencia general de que aquello que no trasciende no es importante; que en nuestra individualidad somos demasiado limitados y que la mayoría de nosotros no tenemos ninguna capacidad para cambiar nada o, si acaso,  muy poco.

A lo largo de la historia ha habido grandes hombres, mentes brillantes y líderes que sacudieron consciencias. Los admiramos. Unos revolucionaron la ciencia, otros, el arte, otros modificaron el curso de los acontecimientos o incluso rompieron paradigmas obsoletos. No tengo ni idea de que les llevo a atreverse, pero dudo que en ese momento fueran conscientes de las consecuencias de sus “locuras”.

Sabemos que Colón, por muy chico listo que fuese, ni llego, ni habría podido llegar solo, hasta América.
Por muy buenos que fuesen los arquitectos que diseñaron las pirámides de Egipto, estas no existirían de no haber contado con trabajadores que acarreasen y levantasen las piedras hasta hacerlas realidad. (Por cierto, quienes las construyeron no eran esclavos)

Protestamos por aquello que no nos gusta. Hemos hecho de la queja una costumbre… Pero nos sentimos tan ridículamente insignificantes, que damos por sentado que  nuestros actos no puedan representar cambio alguno, así que, simplemente, no hacemos nada.

Así no se va a ninguna parte.

Seria fantástico tener una varita mágica y que se pudiese hacer algo grande que representara un cambio. No la hay. Tal vez la gente pequeña no tengamos grandes ideas, ni seamos el motor de los grandes cambios, pero sin nosotros nada es posible. Recuerda siempre que los “mediocres”, los no llamados a pasar a la historia, somos más. Y que casi todo depende de nosotros en realidad. Un Martin Luther King, un Nelson Mandela o un Mahatma Ghandi no habrían hecho nada sin gente que escuchase sus palabras y les apoyase. Somos nosotros quienes construimos, quienes tenemos capacidad para hacer que las cosas sucedan.

Seguro que, como yo, deseas que haya paz en el mundo (es mi momento “Miss Universo”) pero recuerda que sin la participación de la gente pequeña, ningún gobierno de ningún país, podría invadir a nadie. ¿No te parece mucho más genial ahora ser pequeño?

No olvidemos que tenemos un poder inmenso, así que no dejemos de aportar porque en realidad somos nosotros, los pequeños, los que hacemos que cualquier cosa sea posible.

Piensa un poco… Eres muy importante. Seguro que aportas, hagas lo que hagas;  y  si además pones atención en hacerlo mejor, estarás aportando aun mucho más de lo que imaginas.

Carabelas

Desde el que cultivó las alubias que cargaron en la bodega, pasando por quienes trenzaron las maromas, o el chico que barría el astillero donde se construyeron las tres Carabelas, hicieron posible el descubrimiento de otro continente. Seguramente, no lo vieron así, y mucho menos imaginaron que, más de quinientos años después, alguien iba a acordarse de ellos.
Nada de lo que hagas es pequeño, porque sin ti, nada importante sería posible.

Del “por qué” al “para qué”

 

images (1)

Hace tiempo que no actualizo este espacio. A veces ocurren cosas que no teníamos previstas y todo da un vuelco. Cambian los planes y las prioridades. Es entonces cuando, más que nunca, necesito ir encontrando respuestas. Lo que ocurre es que no siempre te haces las preguntas correctas.

No creo en la casualidad, sino en la causalidad. Todo ocurre por algo, aunque a veces seamos incapaces de entenderlo.

Vivimos atrapados en un cuerpo físico que nos limita, pero somos mucho más que eso. De lo contrario nada tendría sentido. ¿Para qué la consciencia, la capacidad de soñar, de crear o de sentir? No se si lo que digo tiene alguna lógica, pero así es como lo siento. Podemos llamarle espíritu, energía, alma o lo que más cómodo os resulte, pero de verdad que creo que somos mucho más que un cuerpo físico.

Llegados a este punto y aceptando la premisa de que es esa “espiritualidad” la base fundamental, todo adquiere otro sentido.

Cuando nos ocurre algo que escapa de nuestro control, solemos preguntarnos: ¿Por qué? ¿Por qué a mí? Y podemos quedarnos descolocados y sin capacidad de reacción durante un tiempo más o menos prologado. Lo malo de hacernos esa pregunta es que nos ponemos, de forma más o menos inconsciente, en el papel de víctimas de las circunstancias y eso nos deja sin capacidad de reacción.

Si volvemos a la premisa de que somos algo más que un pedazo de carne con cerebro, habríamos de concluir que esa parte espiritual es la que de verdad importa y que es la que puede mejorarse durante todo el tiempo que estemos aquí, aunque el cuerpo avance hacia el deterioro físico. Es más, avanzar hacia ese crecimiento sería el objetivo fundamental de lo que nos ocurre.

Si todo lo que he dicho no es una auténtica locura —cosa que no descarto—, la pregunta correcta cuando somos empujados fuera de nuestra “zona de confort” debería ser ¿Para qué me pasa esto? Entonces todo adquiere un sentido bien distinto y pasamos de ser víctimas de las circunstancias, a seres con capacidad para reconducirlas y crecer.

No es fácil ni rápido hacer este cambio de pensamiento. Tampoco es la panacea. Reconozco que a veces ni aún cambiando la pregunta consigo acercarme a la respuesta, pero tal vez sea cuestión de insistir.

preguntas

Preguntarse como utilizar lo que nos ocurre, cuestionar para qué nos ha ocurrido, nos acerca tal vez más a encontrar algo de lógica; pasamos de victimas a actores con capacidad para utilizar las circunstancias en nuestro crecimiento.

Se dice que alguien le preguntó a Miguel Ángel cómo podía transformar un trozo de mármol en algo tan hermoso como el “David”. El respondió: “Estaba dentro del bloque de mármol; me limité a sacarlo y a quitar lo que le sobraba”

david01

Tal vez tengamos que tener otra mirada hacia lo que nos ocurre, fijarnos en aquellas circunstancias que nos empujan fuera del espacio que controlamos, porque es ahí donde hemos de trabajar.

Tal vez solo tengamos que eliminar lo que nos limita y nos impide ver lo que en realidad ya somos.

Nadie pregunta a la crisálida

NADIE PREGUNTA A LA CRISÁLIDA


crisalida_4

Las Leyes del Universo están llenas de incógnitas difíciles —por no decir imposibles—de desentrañar.

Algunas personas parecen llevar tatuada la palabra éxito en su ADN, aunque, por supuesto, no siempre el resultado que obtienen sea el deseado (eso sería ya el colmo). Otras, por el contrario, parecen condenadas a la invisibilidad, sin que, aparentemente, nada de lo que puedan hacer parezca variar un milímetro su trayectoria descendente o, en el mejor de los casos, plana o levemente oscilante, en el entorno de una agotadora mediocridad.

No hablo ahora de esfuerzo y resultados —para eso ya están los ministros—, hablo de otras cosas. Existe gente muy valiosa a la que parece negársele siempre la oportunidad de demostrarlo y auténticos cenutrios que parece que nacieron —con perdón— con una flor en el culo.

No, las Leyes del Universo —o las del Caos— no son fáciles de desentrañar; sin embargo, consuela saber que, según dicen, del caos nacen las estrellas.

entrada al reino de los cielos

Hoy una frase se ha gestado en mi maquiavélico cerebro, que, por cierto, es lo más parecido al caos que conozco.

Mi cerebro —no sé si el de más gente— va a la suya. Es autónomo; así que, cuando se empeña en hacerse con el control, es complicadísimo llevarle la contraria. Te deja una idea, ahí, como si tal cosa y allá te las compongas. A veces intento ignorarlas, pero son como el “Flubber” (¿alguien lo recuerda?),

Flubber

Así que esa idea, en apariencia inofensiva, no dejó de dar vueltas, rebotar, alargarse, estirarse y enroscarse, seduciéndome con candidez y carita de inocente, aunque en el fondo fuese como una odalisca empeñada en cautivar a un casto varón: implacable, encantadora, sibilina… Él, seguramente, (y si no, ¡qué gracia tiene!) acabará por rendirse a sus encantos. No podrá ignorarla por mucho tiempo y al final se doblegará. Es lo que me pasa a mí con las ideas: Si ellas se empeñan, acabo por sucumbir. Soy muy blandita (habría dicho facilona, pero suena fatal).

Bueno, que me enrollo. El caso es que hay procesos vitales, que pueden resultar dolorosos. Mejor dicho, muy dolorosos. Incluso insufribles. En todo caso, complicadísimos de gestionar y asimilar. Sin embargo, todos (hasta los de la flor en el culo) los pasamos a lo largo de la vida, no una sino varias veces. Nos desesperamos por situaciones que somos incapaces de controlar o gestionar. Suplicamos entonces a los dioses que sean benévolos y que dejen de apretarnos las tuercas, porque la situación nos tiene desbordados y nuestras fuerzas están al límite del agotamiento. Querríamos volver a toda prisa a eso que ahora se denomina la Zona de confort. Ese Universo, seguramente diminuto, en el que nos sentíamos cómodos. Pero ellos, —los dioses—no aflojan; son implacables y nos mantienen ahí, al borde del abismo, un ratito más aún.

Finalmente, caes agotado, y  entonces te das cuenta de que tu universo no acaba ya donde antes, sino que ha crecido un poquito y que no te precipitas por el abismo que había en ese exacto lugar donde ahora has caído, rendido y exhausto. Ha crecido tu Universo y eso te ayuda a recuperar la confianza… Pero no te relajes: solo será un pequeño respiro, entre envite y envite, y no tardarán en presionarte de nuevo. En cualquier caso, aprovecha la calma y respira… porque todo va a ponerse en marcha en cualquier momento. ¿A que no has oído hablar de un Universo en reposo? Por supuesto que no; tal cosa no existe.

Viví una tregua larga… Muy larga… Igual es que la felicidad duró demasiado. (Aunque nunca parece demasiado, ¿verdad?) Cosa que, por otra parte agradezco a los dioses (Siempre es conveniente agradecerles todo, que son muy quisquillosos) ¿Se habían olvidado de mí durante un tiempo?

En algún momento debieron acordarse, y parece que me vieron tan relajada que quisieron recuperar todo el tiempo en que no me habían llevado al límite y darme cancha. No me soltaban. Era como llevar a un recorrido a contrarreloj, por un parque de atracciones, a alguien a quien no le gustan nada las atracciones. (Ahora que no me oyen… ¡Sois muy cabrones!, ¿lo sabíais?)

No sé por qué se producen los choques de planetas —la astrofísica no es un terreno que domine, precisamente— lo que sí sé es que yo, chocar, he chocado. Lo que nazca de eso, aún está por determinar.

La idea que ha venido seduciéndome como una ramera descarada durante todo el día partía de algo absurdo. Básicamente la cuestión original, era esta:

“Nadie preguntó a la crisálida si quería ser mariposa”

mariposas2

Ahí se queda… ¡Con un par! No sé si soy muy rara… Bueno, yo no, en todo caso, el cachondo de mi cerebrito.

Luego me pregunté: ¿Le dolerá a la crisálida convertirse en mariposa?…Y aunque dudo que las crisálidas o las mariposas tengan pensamientos razonados, o pensamientos a secas, aún dudo más que alguna vaya a responderme, pero, ya ves, hoy me he cuestionado esas cosas tan absurdas. En cualquier caso, sea cual sea el proceso, es su naturaleza y sería ilógico que alguna pretendiera detenerlo y permanecer in eternum  en fase crisálida.

Aún no sé el tiempo que requerirá mi transformación, si es que ha de producirse. Ni si algún día seré mariposa o sucumbiré en el experimento, pero he de intentarlo.

Si un día se despliegan mis alas, prometo contarlo. Pero, de todos modos, habrá que esperar, que estas cosas necesitan su tiempo, y si llegase el momento, esa vez os lo haré saber con un cuento, que ya ha empezado a gestarse —quiera yo, o no quiera. (Otra vez el puñetero cerebrito, manda)

De momento, valga esta reflexión como nota para no olvidar la trama sobre la que habré de tejer la historia.

mariposas20decorativas20de20papel20reciclado201

Creciendo hacia afuera

Image

No tengo ni idea de por qué otros se animan a empezar un blog. Tampoco sé por qué he pensado en hacerlo yo, aunque algunos amigos de dudosa cordura me hayan animado a ello. Ni siquiera está claro cuál es el propósito de este rincón ni de qué hablaré, pero el hecho de que yo escriba no hace daño a nadie. O eso espero.

A los que les entren ganas de estrangularme, por favor, no se me amontonen. Se me van colocando a la derecha y en fila de a uno.

Empiezo a creer en las señales. Es más, puede que esté empezando a saber interpretarlas. (Sé lo que estás pensando: Ya estamos, otra loca mística) Qué no, en serio. Que este post no va de eso. Ellas —las señales, digo— me han llevado hasta esto, así que culpadlas a ellas o, como mucho, a mi torpeza como intérprete.

No hablo de metafísica ni de seres del más allá, sea lo que sea que eso signifique: hablo de percepción. Esto lo digo totalmente en serio. Tan en serio como digo que sé que los más racionales de entre la gente que me conoce —los más cuerdos, pero también los más aburridos— están convencidos de que estoy como una chota. Lo cual, dicho sea de paso, me parece genial. No quiero más cordura. Vale, si acaso la justita para pasar el día.

Uno se puede empeñar en darse cabezazos contra la pared intentando derribar los muros que nos limitan pero a veces solo hace falta abandonarse, dejar de resistirse, fijarse en las señales y caminar a lo largo del muro hasta encontrar una puerta. Mis muros crecieron a base de silencios: Uno tras otro, elevándose hasta dejarme encerrada dentro.

Provengo de una familia extensa, formada por una abrumadora mayoría de mujeres locas. Deliciosamente locas. Necesito gente alrededor. Y risas, música, baile y copas… y locuras. De las pequeñitas, es verdad, porque muy valiente no soy, pero locuras al fin y al cabo.

Supongo que a nadie que no me conozca en ese mundo que llamamos real le importa un comino quién soy —vale, a los que me conocen, tampoco mucho— pero por si alguien tuviera esa morbosa curiosidad le diré que yo tampoco tengo ni idea de quién soy. Que si lo averigua, que me lo cuente. Por salir de dudas más que nada.

Soy algo rara, seguramente, pero es que desde hace algún tiempo he crecido hacia adentro. No fue una elección, sino una consecuencia de mis límites. Había poco espacio para expandirme.

Cometo muchos errores porque aún estoy aprendiendo, pero no tengo ningún problema en pedir disculpas. Tampoco prisa. En aprender, digo, no en disculparme, que todo hay que explicarlo.

Necesito una buena almohada para dormir en paz, pero no de plumas o de latex… Intento rellenarla de honestidad, porque me gusta mirarme al espejo cuando amanezco —todavía tengo un punto de coquetería que no puedo evitar.

El día que deje de hacer lo que creo correcto, saltaré de un puente bien alto. Avisaré antes para no espachurrar a nadie en mi caída.

No puedo vivir traicionándome para hacerle la vida más cómoda a otros. Nadie debería. Empiezas por ser “la hija de Fulano”, para continuar siendo “la mujer de Mengano” y más tarde “la madre de Menganito”. Un día te preguntas: ¿Y donde puñetas estoy yo? Te has olvidado hasta de cómo te llamas, te has disfrazado con una segunda piel que te hace arrugas por todas partes y has vivido sin salirte ni una coma del guión. Pero no se puede gustar a todo el mundo. Mucho menos adivinando qué es lo que se supone que quieren que seas. Es imposible. Así que decides que lo que importa es gustarte a ti. Vamos, lo fundamental. No se puede dejar de ser quien eres, porque al final vas a decepcionarlos a ellos y te decepcionas a ti.

Intentando derribar el muro que me cerraba el paso aprendí que recorrerlo hasta encontrar la salida era la única opción. Encontré una puerta. Mi puerta estaba hecha con palabras. Y con libros. Y con almas —o como quieras llamarlo— que vibraban en mi misma frecuencia.

Nada ocurre por casualidad. Nadie llega a tu puerta un día y te dice: Oye, tú y yo pensamos parecido o tenemos vivencias similares. Pero si que ocurre algo así en el mundo virtual —¿Será esta la cuarta dimensión?—. Conectas, percibes, interpretas, descubres… De pronto gente a la que ni siquiera conoces se cuela en tu vida y se te hace imprescindible. Sabes que te entienden y estás seguro de entenderles mucho más allá de las palabras que intercambiáis.

Ellos son mis ventanas. Pensándolo bien, puede que escriba para ellos; para agradecerles de algún modo que estén ahí.  Y también porque algunos inconscientes (esto va por ti, Eva Collado) incluso me han sugerido que lo haga. Y para prestarme, ya puestos, a intentar ser una de sus ventanas cuando necesiten un poco de oxígeno.

Así atravesé mis límites: intentando construir salidas. Supongo que esa es la razón última de este intento: construir puertas y abrir ventanas. Para mí y también para otros. Necesito que entre aire nuevo, que se refresque cada rincón. Sacudir las alfombras, o mejor aún, retirarlas.

Me gustaría hablar de emociones que son algo mucho más complejo que los hechos desnudos. Las emociones no todos las comprenden del mismo modo. Los hechos y sus consecuencias son visibles, pero no las razones que nos llevan a ellos. Estoy en paz después de mucho tiempo.  Hago mis elecciones y asumo las consecuencias, que ya no dependen solo de mí, sino de la libertad de otros para hacer las suyas.

Vale, lo sé: Este desnudo puede parecer innecesario, pero es que estoy empezando a pensar que soy una exhibicionista frustrada. Pero que conste en mi descarga que tampoco he obligado a nadie a que presencie mi desnudo ¿no es cierto? Si lo has hecho ha sido tu elección. ¡Ahora no te quejes!

marzo 2017
L M X J V S D
« Dic    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
Ficcionario de Javinac

Historias que nacieron para ser contadas

AUTOPSIA

____________________"Ver por los propios ojos"________Miguel Lorente Acosta______

Singularette

No solo soltera, sino singular

unmaldiaparaelpezplatano

Cuentos, microcuentos y cosas todavía más pequeñas

Como Ser Vegano

...sin morir en el intento

felipegomezrivas.wordpress.com/

¿buenas o malas? que más da, son las nuestras.

joseluisafan

Una ensalada de poemas, relatos, cuentos y escritos varios. Descubrí que podía escribir y desde entonces le escribo... quizás un día lo lea ...

Proyecto "Madres"

Desde "La Habitación de Lucía" queremos dar voz a todas las madres de hijos con diversidad funcional.

Te Conozco Bacalao

Un lugar para la diversión

buensalvaje

Desvíos para lectores de a pie

Cardiopatía poética

Cada palabra un latido, el silencio entre latidos otra palabra. Un blog de Miguel Lorente Acosta

Cambiemos el Mundo, cambiemos la Educación

Porque cada vez somos más los que queremos cambios y un mundo mucho mejor

Enric Ochoa-Prieto

Pensadlo, y luego olvidadlo.

TORMENTAS DE TINTA

Un blog para soñar, un blog para pensar, un blog para vivir...

Los ángeles también bailan

«Me has conocido en el peor momento de mi vida»

quieroqueloleas

Tus letras entre las mías

A %d blogueros les gusta esto: